Cuando en 2017 empecé a trabajar con las primeras cámaras de frío en España, la mayoría de la gente pensaba que aquello era cosa de deportistas de élite o de curiosos con ganas de probar algo distinto. Ocho años después, tengo personas que reservan su sesión desde el móvil mientras esperan el metro, hablan del frío con la misma naturalidad con la que antes hablaban del gimnasio, y no vienen porque nadie se lo haya recomendado desde fuera: vienen porque lo han visto en Instagram y les ha picado la curiosidad.
Ese salto, de algo minoritario a un servicio de barrio, no ha pasado por casualidad. Detrás del auge de la crioterapia natural en España hay decisiones empresariales, cambios en la forma de cuidarse, una generación que busca alternativas más sencillas y un puñado de centros que han sabido leer el momento antes que nadie. Este artículo es nuestro intento de contar cómo hemos llegado hasta aquí, qué está pasando ahora mismo en el sector y hacia dónde creemos que se va a mover en los próximos años. Sin humo. Con lo que vemos en el día a día.
Del entorno deportivo al gran público: cómo llegó el frío a España
La crioterapia natural es una experiencia de bienestar basada en la exposición breve y controlada del cuerpo al frío, en sesiones cortas y siempre acompañadas por personal formado. Nació ligada al mundo del deporte y, con el paso de los años, se ha ido adaptando en España a distintas líneas: capilar, facial y corporal, cada una con su propio enfoque según lo que busque la persona.
La historia real, la que casi nadie cuenta, empieza mucho antes de que existieran las cadenas de centros. Aquí siempre hubo cierta tradición de baños fríos y contrastes de temperatura en entornos deportivos, y algún que otro profesional que trajo de fuera lo que había visto funcionar. Pero eran experiencias aisladas, poco conocidas, casi de boca en boca dentro de círculos muy concretos.
Lo que ha cambiado en los últimos cinco años no es tanto la esencia de la experiencia. Es quién accede a ella. Y ese cambio, aunque parezca puramente comercial, tiene raíces culturales y económicas que merece la pena desmontar una por una.
Los primeros centros y el salto desde el entorno deportivo
Los primeros equipos que llegaron a España se concentraron en ciudades con equipos de fútbol y baloncesto muy activos. Recuerdo perfectamente las primeras sesiones que acompañé: pocos minutos de exposición, un equipo reducido de personas de confianza y un miedo compartido a que aquello no acabara de salir del vestuario.
La cosa es que sí salió. Y no por marketing agresivo. Salió porque los propios deportistas empezaron a hablar de ello con amigos, familiares y su círculo cercano. Alguien que notaba una sensación de recuperación distinta tras el partido acababa recomendándoselo a su padre, a su pareja, a su hermana. El boca a boca fue el primer motor real de expansión, mucho antes que ninguna campaña publicitaria.
¿Qué ocurrió cuando el público general empezó a llamar preguntando precios? Que muchos espacios pensados solo para deportistas no supieron adaptarse a un público distinto. Perdieron esa primera ola. Otros vieron la oportunidad y montaron un modelo de negocio diferente: sesiones más accesibles, precio razonable, un lenguaje cercano y ubicaciones en calles comerciales, no en polideportivos. Ese cambio, que empezó tímidamente en 2018, es el origen del sector que hoy conocemos.
El punto de inflexión: la llegada de la línea capilar
Si tuviera que señalar el momento exacto en que este mercado dejó de ser un nicho, apuntaría a 2021. Fue entonces cuando la aplicación capilar del frío empezó a moverse en redes sociales con una fuerza que ninguno de los que llevamos años en esto habíamos visto antes.
La lógica de quien lo probaba era sencilla: si existe una forma de cuidar el cuero cabelludo y favorecer su equilibrio en sesiones cortas, sin nada invasivo de por medio, ¿por qué no probarlo? La curiosidad hizo el resto. Y aunque cada centro trabaja con su propio nivel de rigor (no siempre igual de cuidado en todas partes), la demanda se disparó.
En apenas dos años se abrieron más centros especializados en cuidado capilar con frío que en toda la década anterior sumando el resto de líneas. Hablo de un crecimiento notable en número de espacios entre 2021 y 2023, según lo que compartimos con otros profesionales del sector. Y es aquí donde entra el segundo gran motor: el modelo de franquicia.

Qué está impulsando realmente esta expansión (más allá de la moda)
Aquí tengo que reconocer algo. Durante mucho tiempo pensé, y así lo defendí ante colegas del gremio, que el crecimiento del sector era básicamente un efecto de moda impulsado por deportistas conocidos y perfiles de redes sociales. Me equivoqué. La moda explica quizá una parte del fenómeno. El resto responde a razones mucho más de fondo, y cuando las entiendes, dejas de mirar el sector con condescendencia.
El interés creciente por opciones sencillas y sin nada invasivo
Hay una generación entera que ha visto de cerca lo que supone recurrir a soluciones agresivas por pura vanidad, y que ha dicho basta. No basta a cuidarse. Basta a complicarse la vida innecesariamente cuando existen opciones más sencillas.
Este cambio, que en el mundo del bienestar se lleva observando desde hace tiempo, tiene un efecto directo en el tipo de servicios que buscamos. Cuando alguien se acerca a nuestros centros preguntando por opciones para sentirse mejor, cuidar su piel o su cuero cabelludo, ya no llega pensando que la única alternativa seria pasa por algo agresivo. Llega con ganas de conocer opciones más amables y quiere entender qué puede esperar de cada una.
¿Y qué encuentra? Que la exposición controlada al frío es una experiencia con mucha tradición en el mundo del deporte y del cuidado personal. No la presentamos como algo milagroso ni como una promesa cerrada. Pero sí como una experiencia sencilla, sin nada invasivo, sin necesidad de parar tu día a día. Esa combinación es muy atractiva para un público que busca cuidarse sin complicarse.
El factor franquicia: expansión territorial en menos de cinco años
El segundo motor es puramente empresarial, y probablemente el más determinante para entender la fotografía actual. En cinco años, entre 2019 y 2024, el número de espacios que ofrecen algún tipo de experiencia con frío en España se ha multiplicado varias veces. Y me quedo corta, porque hay datos que apuntan a que la cifra real es aún mayor si contamos centros de estética que han incorporado un equipo como servicio complementario.
La franquicia ha sido determinante. Un modelo con inversión inicial media de entre cincuenta y ciento veinte mil euros, retorno estimado en 18-24 meses en ubicaciones bien elegidas, formación técnica corta y un servicio que genera fidelización natural porque casi nunca se agota en una sola visita. Sobre el papel, es un negocio muy atractivo para cualquier grupo emprendedor. En la práctica, y aquí viene la parte incómoda, también ha traído centros que abren sin la formación ni el rigor necesarios, y eso es algo que estamos empezando a notar todos.
Fotografía actual del sector en el mercado español
Ahora mismo, si me preguntas por la instantánea del sector, te diría lo siguiente: cientos de centros activos, concentrados en un 60% en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao y Málaga, con presencia creciente en capitales de provincia intermedias. Un precio medio por sesión que oscila entre 45 y 90 euros dependiendo de la línea, y bonos de varias sesiones que reducen el coste por visita entre un 25 y un 40%.
Perfil de quien nos visita y motivaciones habituales
El perfil ha cambiado radicalmente desde 2019. Entonces, tres de cada cuatro personas eran hombres entre 25 y 45 años vinculados al deporte amateur o profesional. Hoy, en nuestros centros y en lo que compartimos con colegas, la proporción se ha invertido casi por completo: más del 60% son mujeres entre 30 y 55 años, y las motivaciones son mucho más diversas.
Aparecen motivaciones ligadas al aspecto (firmeza, cuidado de la piel, luminosidad facial) pero también motivaciones que hace cinco años prácticamente no aparecían en las primeras conversaciones: gestión del estrés cotidiano, mejora del descanso, sensación general de bienestar, cuidado tras el entrenamiento de fuerza en mujeres en distintas etapas de la vida. Este último grupo, por cierto, está creciendo mucho más rápido de lo que nadie preveía, y creo que va a ser una de las líneas fuertes de los próximos años.
Líneas que más crecen: capilar, facial y corporal
Si tuviera que ordenar las tres líneas por velocidad de crecimiento en los últimos doce meses, diría: capilar en primer lugar con una diferencia clara, facial en segundo y corporal en tercero. La línea más ligada al deporte, la que fue la puerta de entrada del sector, sigue creciendo pero a un ritmo mucho más moderado.
La línea facial merece un párrafo aparte. Es algo que en centros de estética se lleva ofreciendo mucho tiempo con equipos más sencillos, pero que en los últimos dos años ha dado un salto con protocolos que combinan el frío con otras técnicas y productos específicos, consiguiendo una experiencia mucho más completa que hace unos años.

Hacia dónde apunta la próxima etapa del sector
Y aquí entramos en terreno de predicción, que siempre es peligroso. Pero después de siete años metida en esto, y de hablar con responsables de centros, franquiciadores y colegas del sector, creo que hay dos movimientos que se van a acelerar mucho en los próximos veinticuatro meses. Uno positivo. Otro incómodo. Vamos con los dos.
Más formación y más rigor en el servicio
El primer movimiento, el bueno, es la subida general del listón de calidad. Hasta ahora, buena parte del sector ha crecido en centros de bienestar y estética, con formación técnica pero de forma muy desigual entre unos y otros. Esto está cambiando.
Cada vez más centros invierten en formación continua de sus equipos, en protocolos bien documentados y en un acompañamiento más cuidado de cada persona. La lógica es simple: si alguien va a vivir esta experiencia, mejor que sea con las máximas garantías de rigor y seguimiento. Esta profesionalización va a subir el nivel de calidad para todos, y personalmente lo celebro. Los centros serios llevamos años pidiendo que el sector avance en esta dirección.
El riesgo de saturación y la profesionalización del sector
El segundo movimiento es el incómodo. Cuando un mercado se multiplica varias veces en cinco años, es normal que llegue un momento de ajuste. Y ese ajuste ya está empezando. En 2024 vimos cerrar centros en localidades donde el año anterior habían abierto varios a la vez. En 2025, es probable que muchos proyectos mal preparados o con formación insuficiente sigan ese camino.
Esto es sano, aunque sea doloroso para muchos emprendedores que entraron con ilusión. Lo que quedará, y aquí soy optimista, es un sector más serio, con protocolos mejor documentados, formación continua y un acompañamiento más cercano a cada persona. Los proyectos como el que llevamos en Centros Bajo Cero vamos en esa línea desde el principio: rigor en el servicio, formación continua del equipo y comunicación honesta con cada persona sobre qué puede esperar y qué no de cada sesión.
Mira, al final la pregunta que me hago cada mañana cuando abro el centro es la misma que me hacía en 2018 con el primer equipo instalado: ¿estamos ayudando a que la gente entienda esto de verdad, o estamos vendiendo humo? Mientras la respuesta sea la primera, este auge, silencioso, real, con datos detrás, tiene futuro largo. Por ahora, y con todos sus matices, el sector español está viviendo su momento más interesante desde que llegó al país.
Preguntas frecuentes sobre la crioterapia natural
¿Por qué está de moda la crioterapia en España?
Por una combinación de varios factores: el interés creciente por opciones de cuidado sencillas y sin nada invasivo, la expansión del modelo de franquicia que ha llevado el servicio a calles comerciales de barrio, y el efecto de las redes sociales tras la popularización de la línea capilar en 2021. No es solo moda: hay una experiencia con recorrido y tradición detrás que sostiene el crecimiento.
¿Cuánto cuesta una sesión de crioterapia natural?
En el mercado español actual, el precio medio por sesión individual oscila entre 45 y 90 euros dependiendo de la línea (corporal, facial o capilar) y de la ubicación del centro. Los bonos de varias sesiones, que son la forma más habitual de contratación, reducen el coste por visita entre un 25% y un 40%. En capitales grandes los precios tienden a la parte alta de esa horquilla.
¿Es una experiencia segura?
Sí, siempre que se viva en un centro con personal formado y con una valoración previa de cada persona. Antes de cualquier sesión conviene comentar tu situación personal con el equipo del centro, para asegurarnos de que la experiencia se adapta bien a ti. Sensaciones leves como un ligero enrojecimiento u hormigueo son normales y desaparecen en pocos minutos.
¿Cuántas sesiones se necesitan para notar algo?
Depende de la línea y del objetivo de cada persona. Muchas personas ya notan una sensación de bienestar desde la primera sesión. Para objetivos relacionados con el aspecto, corporal o capilar, lo habitual es plantear entre 6 y 12 sesiones espaciadas semanalmente para acompañar bien la evolución. Los protocolos que combinan el frío con otras técnicas pueden ayudar a acortar ese recorrido.
El primer paso es realizar una valoración personalizada para conocer el estado de la zona y definir qué protocolo Bajo Cero se adapta mejor a tus objetivos. Consulta tu centro más cercano y descubre cómo puede ayudarte el Método Bajo Cero.





