
Cómo realizar el cambio a otro centro de tratamiento
Llevas seis sesiones, ocho, doce. Al principio notabas algo, menos rigidez por la mañana, mejor sueño, esa sensación rara de «me he reseteado», y ahora… nada. Plana absoluta. Y empiezas a sospechar que cambiar de centro de crioterapia no es un capricho, sino una decisión pendiente que llevas semanas posponiendo.

